Twisted Metal es una franquicia conocida, pero prácticamente olvidada… hasta que la serie de televisión la trajo de vuelta. Su primera temporada fue una sorpresa, y con la segunda ya concluida en Peacock, es buen momento para analizar cómo le fue.
Basada en la saga de PlayStation, la historia ocurre en un mundo postapocalíptico donde las personas sobreviven en ciudades fortificadas, mientras otros viven en el caos y la destrucción. En el centro está John Doe (Anthony Mackie), un entregador que viaja entre estas ciudades y que, en el camino, forma lazos importantes con quienes conoce.
Esta temporada introduce a Calypso (Anthony Carrigan), quien convoca a John, Quiet (Stephanie Beatriz), Mayhem (Saylor Bell Curda), Sweet Tooth (Samoa Joe), Dollface (Tiana Okoye), Axel (Michael James Shaw) y más a un despiadado torneo cuyo premio es un deseo.
¿Quién diría que sería una de las mejores adaptaciones de un videojuego?
Con el mundo ya establecido en la primera temporada, esta segunda se centra más en las relaciones entre los personajes, logrando que cada momento tenga peso. La química entre John y Quiet sigue siendo uno de los puntos fuertes, pero el gran robo de escena fue Carrigan como Calypso: un villano carismático y memorable. También destaca el desarrollo de Stu y Sweet Tooth, quienes tuvieron mayor presencia, junto con Axel, Mayhem y Dollface, que aportaron momentos muy entretenidos.
Las escenas de acción también dieron un salto de calidad. Hay variedad: desde combates en vehículos hasta tiroteos desenfrenados en situaciones extravagantes. Todo bien dosificado para mantener el ritmo sin caer en excesos.
Nadie esperaba que Twisted Metal resultara tan buena. El elenco eleva la historia y convierte a la serie en una adaptación que seguirá atrayendo fans casuales y, al mismo tiempo, deja la pregunta en el aire: ¿por qué no tenemos un nuevo videojuego? Con un final abierto y prometedor, solo queda esperar que haya una tercera temporada.
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